En este rincón las palabras se derriten como el azúcar en una taza caliente. Aquí encontrarás cuentos breves, a veces dulces, con tres cucharaditas, otras veces con el toque amargo de un café solo, pero siempre para acompañarte.

Siéntate y descubre a qué sabe cada historia. Sin prisa.



NO ME  LLAMEN  DOROTHY 

              

  Supongo que me quedé dormida, porque cuando la ola me arrancó el libro de las manos tardé unos segundos en darme cuenta que estaba sobre una toalla empapada. Deseché las miradas burlonas y recogí el libro de la orilla. Trasladé lo que quedaba de mi dignidad y los trastos de la playa y me instalé como si acabara de llegar. Y como si nada hubiese sucedido, abrí de nuevo la novela. De la toalla mojada, prefiero no hablar.
  En las páginas que chorreaban, y con unas imágenes muy borrosas, descubrí que aquel León que estaba buscando valor se había convertido en un tiburón. Pero lo más sorprendente, si es que aquello no era producto de una siesta demasiado larga al sol, fue ver que el Espantapájaros estaba surfeando. Mi cerebro es incapaz de explicarle a mis piernas que tienen que mantener el equilibrio encima de una tabla, y sin embargo, allí estaba él, sobre la cresta de una ola.
  Entonces, escuché el latido de las páginas. En cada frase que leía, me emocionaba más y más mientras El Hombre de Hojalata me sonreía sin apartar sus ojos de mis pies.
  Levanté la mirada hacia el mar. Después miré mis chanclas rojas. Tres veces, solo tienes que golpearlas tres veces.
  No lo hice. Como en la playa, en ningún sitio, pensé. Cerré el libro y también los ojos. ¿Qué tal otra cabezadita?


¿Con qué café lo acompañarías?
                     Sugerencia: un affogato (café con helado de vainilla)

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