En este rincón las palabras se derriten como el azúcar en una taza caliente. Aquí encontrarás cuentos breves, a veces dulces, con tres cucharaditas, otras veces con el toque amargo de un café solo, pero siempre para acompañarte.

Siéntate y descubre a qué sabe cada historia. Sin prisa.



LA NOCHE DE SAN JUAN

  Como le gustaba la magia, la que hacen los magos y la que esconden los amuletos, y no encontraba el amor dentro de una chistera ni envuelto en pañuelos de colores, recurrió a los rituales en la noche de San Juan.
   Colocó bajo la almohada la mezcla de hierbas, encendió algunas velas y saltó sobre las olas de su imaginación. Al día siguiente, convencida de haber encontrado al príncipe del cuento en que había convertido su vida, se enamoró de él. Quizá por eso también, cada día apretaba el cuarzo rosa que colgaba de su cuello para atraer las perdices con las que ser feliz antes del final.
   En el siguiente solsticio de verano, la reina de corazones había desaparecido de la baraja, los conejos se escondieron en el doble fondo de cada palabra y cuando pronunciaba abracadabra, no se abrían los candados de su vida.
Escribió un deseo, solo uno. Y lo quemó. Esta vez sería el único ritual de una noche que ya no era mágica para ella. Antes del amanecer se despertó horrorizada. Aquel sueño había sido tan real que no se atrevió a mirarle.
Extendió la mano, él estaba allí, y sintió su cuerpo frío. Lo había hecho, quizá antes de dormirse, incluso antes de acercar la cerilla al trozo de papel. Entonces, recordó que cuando le seccionó el cuello comprobó que su sangre no era azul, que cuando dividió su cuerpo en tres trozos ya no lo pudo recomponer. Porque ella no era maga aunque le gustara la magia, porque él arrancó de su cuello un talismán que se hizo mil pedazos al caer al suelo, porque había vivido un año siendo la protagonista de un cuento de terror.

¿Con qué café lo acompañarías?
                    Sugerencia: café con hielo y una rodaja de limón



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