En este rincón las palabras se derriten como el azúcar en una taza caliente. Aquí encontrarás cuentos breves, a veces dulces, con tres cucharaditas, otras veces con el toque amargo de un café solo, pero siempre para acompañarte.

Siéntate y descubre a qué sabe cada historia. Sin prisa.



AMORES  DE  VERANO



 Nací siendo fea, porque todos los bebés no son bonitos. Crecí flacucha y sin gracia, porque todos los andaluces no son chistosos. En la adolescencia pasé de complejos, y mira que no me faltaban razones, pero para qué complicar más las cosas. Ya sabía que era un cardo. Eso sí, con ese desdén que traté mis inseguridades, castigué a los que me rodeaban, y claro, gané un adjetivo para el sustantivo que me definía: borriquero.
 Mientras mis amigas se pintaban las bocas de rosa o se colocaban margaritas en el pelo, yo fui cubriendo de espinas mi cuerpo. Así pude adaptarme a los bordes. De la carretera. Y divisar desde la altura de mi grueso tallo lo que otros no conseguirían ver. Claro, que a él no le vi llegar.
 Sentí su voz cálida como el sol y tan cerca que mis flores violeta se estremecieron cuando escuché:
 —Onopordum acanthium. Brácteas involucrales, ¡qué belleza!.
 Desde aquella tarde tenemos una cita cada dos años. Soy bienal, porque todos los cardos no son anuales. En la espera me acompaña el eco de sus palabras: «mi toba, mi alcachofa borriquera»

¿Con qué café lo acompañarías?
                Sugerencia: un café granizado 

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