En este rincón las palabras se derriten como el azúcar en una taza caliente. Aquí encontrarás cuentos breves, a veces dulces, con tres cucharaditas, otras veces con el toque amargo de un café solo, pero siempre para acompañarte.

Siéntate y descubre a qué sabe cada historia. Sin prisa.


HOY HACE UN BUEN DIA PARA PONER LA LAVADORA

 Hay quienes heredan tierras y olivos, incluso casonas para reformar, eso sí, con un blasón intacto entre dos góticas ventanas. Otros heredan el azul de unos ojos profundos o el hoyuelo en la barbilla. Algunos dos hoyuelos, en la baja espalda. Muchos, quizá la mayoría, solo heredamos manías, frases y costumbres familiares, de esas que no tributan a hacienda pero que transmitimos a nuestros descendientes. 
 Herencias familiares que se tatúan en la rutina como el hierro de las ganaderías. A veces, sin ser siquiera conscientes de ello.  No es este mi caso, porque yo, como hace mi madre, también mi abuela, y estoy segura que hacía mi bisabuela, lo primero que hago al levantarme es mirar al cielo. Escarbo las nubes que lo ensucian, el viento que las arrastra, la lluvia que amenaza desde el horizonte y entonces, si todo está como debe estar, las miro a ellas y sonreímos.
 Nunca imaginarán nuestras vecinas que, mientras ellas se lamentan porque no pueden hacer la colada, mi madre y la abuela salen a buscar la mejor ola. Yo me quedo en la orilla, y es que no he heredado el equilibrio sobre la tabla. Eso sí, en observar el cielo soy ya. toda una experta.
     

     ¿Con qué café lo acompañarías?

                Sugerencia: un café con leche templada y un poco de canela

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